GERARDO OETTINGER, dramaturgo y socio ATN: “Me gusta abordar temas sociales, que tengan que ver con la realidad que estamos viviendo, busco testimonios olvidados o muchas veces ignorados”.

A tablero vuelto está Matucana 100, se escucha el típico murmullo de la gente antes de que empiece la función y de pronto sin previo aviso, se oscurece la sala y uno pareciera sumergirse de lleno en esta obra que invita a reflexionar sobre la masculinidad hoy en día. Tremendos actores como Mario Horton, César Sepúlveda, Ricardo Fernández, Felipe Zepeda, Edinson Díaz y Andrew Bargsted, dan vida a la obra de teatro “Antes que los dioses fueran hombres”, una historia en donde los hombres se reúnen sistemáticamente a conversar. Gerardo recuerda que hace tiempo quería escribir una obra de teatro que hablara sobre lo que significa ser hombre hoy en día y se encontró con los círculos de hombres a través de un documental español “El Círculo”. “Durante la pandemia a través de las redes sociales me encontré con mucho material sobre círculos de conversaciones entre hombres y eso nos entregó el lugar preciso para poder montar esta obra, el lugar para poder instalar la pregunta: ¿“Qué es ser hombre hoy” ?, a través de un facilitador que hace las veces de moderador en cada sesión”. En Instagram llegó hasta Pedro Uribe, reconocido psicólogo y director ejecutivo de “Ilusión Viril”, Fundación que actualmente constituye un importante espacio de conversación masculina. “Gracias a Pedro supe que existían varios tipos de círculos, él me ayudó mucho a encontrar el enfoque reeducativo que quería darle al tema”.
Y el estudio se nota, la investigación, la prolijidad, el extremo cuidado para abordar un tema tan sensible en un contexto como el que vivimos, con el surgimiento de los movimientos feministas que contienen diversas aristas, unas más extremas que otras. Fueron cuatro años antes de estar seguros de montar “Antes que los dioses fueran hombres”. Y no es la primera vez que Rodrigo Soto y Gerardo Oettinger trabajan juntos, de hecho, han estrenado exitosas obras como “Pompeya”, un montaje que habla de marginación, migrantes y discriminación, algo así como una guerra civil en una esquina de Santiago, seres marginados por la sociedad en la que viven, se marginan entre ellos mismos. “Elijo los temas por su nivel de teatralidad. En los círculos de terapia en general, los participantes sienten que no están solos y pueden expresar sus problemas con mayor facilidad al no sentirse juzgados porque de alguna manera, todos comparten la misma problemática”.
Su proceso creativo y su motivación es lograr encontrar la tragedia en la cotidianeidad, así nació la trilogía: “La Victoria”, “Bello Futuro” y “Unidad Popular”, todas con relatos femeninos: la primera sobre las ollas comunes en las poblaciones durante los años ochenta; la segunda, sobre partícipes de CEMA Chile en el período de la dictadura y la última, con testimonios de mujeres pobladoras sumidas en un ambiente de drogas y precariedad. Le apasionan estos temas sociales, se nota, la pasión se le sale por los poros, sobre todo poder contar una temática universal desde la particularidad de un personaje en donde el público se identifique, o por lo menos lo lleve a una reflexión. Esta trilogía de obras exitosas, que realizó con la compañía Teatro Síntoma, a la cual pertenece, derivó en la publicación de un libro con la Editorial Cuarto Propio y presentaciones a nivel nacional, a través de la Unidad de Públicos y Territorios del Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio.
Este versátil dramaturgo y director teatral, estudió teatro en el Club de Fernando González y después en La Memoria con Alfredo Castro y Juan Radrigán. Aunque afirma que le encanta actuar, se dedicó a escribir. “Siento que con la escritura se logra la adrenalina de la escena. Empecé a escribir teatro hace como quince años, quería seguir actuando y estando en escena, entonces pensé que escribir era una manera de hacerlo posible”.
Sostiene que vivir del arte en Chile es como algo kamikaze, por eso está muy entusiasmado con su viaje a Francia en abril. “Sería muy bueno poder montar dos obras en Francia: “El exilio de un árbol”, sobre la historia de una araucaria que está exiliada en el Jardín de Plantas de París, y otra sobre la polémica discusión que tuvieron Albert Camus (1913-60) y Jean-Paul Sartre (1905-80), célebres pensadores en la Francia de los años cincuenta, en la que los grandes filósofos disfrutaban de una fama comparable a la de las estrellas de rock. “Poder hacer un acercamiento de lo que sucedió con el estallido social en Chile con esa discusión, esa imposibilidad de llegar a un punto de encuentro que llevó a que dos grandes amigos y compañeros de lucha, se convirtieran en enemigos irreconciliables, eso es una alerta de dónde deben estar los límites. Instalar esa reflexión me parece muy interesante”.

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